Disfunción mandibular: la epidemia silenciosa que está afectando a los jóvenes
En los últimos años he visto una tendencia que no deja de preocuparme: cada vez más jóvenes están llegando a consulta con dolor en la mandíbula, tensión facial e incluso migrañas crónicas que, al principio, parecen no tener una causa clara. No hablamos de adultos mayores ni de personas con desgaste dental por años de malos hábitos. Hablo de adolescentes de 15, 16 o 18 años que ya presentan signos de una alteración funcional en su articulación temporomandibular (ATM).
Soy Carolina Gil, odontóloga y cirujana oral y maxilofacial, y me dedico a diagnosticar y tratar la disfunción mandibular, una condición que afecta directamente la articulación que conecta la mandíbula con el cráneo. Aunque tradicionalmente este tipo de patologías eran más comunes en adultos, hoy estamos viendo un incremento alarmante en la población joven, y las causas están más cerca de lo que imaginamos.
Si tú o alguien cercano está experimentando molestias en la mandíbula, esta información puede ser clave para recuperar el bienestar y evitar complicaciones a futuro.
Tabla de contenido
¿Qué es la disfunción mandibular? Entiende cómo funciona tu mandíbula y cuándo debes preocuparte
Cuando hablamos de disfunción mandibular, nos referimos a un conjunto de alteraciones que afectan el funcionamiento normal de la articulación temporomandibular (ATM), que es la estructura encargada de permitirnos abrir y cerrar la boca, masticar, hablar e incluso expresar emociones con el rostro. Es decir, es una articulación pequeña, pero con una función fundamental.
La ATM conecta la mandíbula con el hueso temporal del cráneo (ubicado justo por delante del oído), y está rodeada de músculos, ligamentos, discos articulares y otras estructuras que trabajan en perfecta sincronía para que todo el sistema funcione correctamente. Cuando alguna de estas partes se altera, aparecen los síntomas que conocemos como disfunción temporomandibular.
¿Disfunción mandibular, bruxismo o apretamiento? No es lo mismo
Con frecuencia recibo pacientes que llegan confundidos entre términos como bruxismo, apretamiento dental y disfunción mandibular. Aunque están relacionados, no significan lo mismo.
- El bruxismo es el hábito inconsciente de rechinar los dientes, comúnmente durante la noche. En muchos casos, la persona ni siquiera se da cuenta hasta que alguien más lo nota o aparecen los síntomas.
- El apretamiento dental implica mantener los dientes en contacto constante, ya sea de día o de noche, generando una contracción sostenida de los músculos de la mandíbula.
- Por su parte, la disfunción mandibular es el resultado de este tipo de hábitos repetitivos, sumados a otras causas, que terminan afectando la estructura y el movimiento de la articulación. En otras palabras, el bruxismo y el apretamiento pueden ser causas o factores agravantes de una disfunción mandibular, pero no son sinónimos.
Una articulación compleja… pero no imposible de entender
Desde mi experiencia como cirujana oral y maxilofacial, siempre busco explicarle a mis pacientes que la ATM funciona como una bisagra doble: permite movimientos hacia arriba, abajo, adelante y hacia los lados. Esta complejidad la hace altamente funcional, pero también vulnerable.
Dentro de la articulación existe un pequeño disco de cartílago que actúa como amortiguador. Si este disco se desplaza, se degenera o se inflaman las estructuras que lo rodean, empiezan a presentarse los síntomas: chasquidos al abrir la boca, dolor al masticar, limitación para abrir completamente o tensión constante en los músculos del rostro.
¿Por qué se presenta la disfunción mandibular?
Las causas pueden ser múltiples y, en muchos casos, se combinan entre sí. Algunas de las más frecuentes que observo en consulta son:
- Estrés y ansiedad: Son detonantes comunes del bruxismo y del apretamiento inconsciente.
- Mala postura, especialmente por el uso excesivo de dispositivos móviles, que altera el eje natural del cuello y la mandíbula.
- Traumas o golpes en la zona mandibular.
- Maloclusiones dentales: cuando los dientes no encajan correctamente al cerrar la boca.
- Hábitos orales nocivos: como morderse las uñas, mascar chicle en exceso o apoyar el mentón en la mano constantemente.
Cada paciente es distinto, por eso es clave realizar una valoración personalizada para identificar las causas específicas en cada caso.
Tipos de disfunción mandibular: no todos los casos se tratan igual
Como en toda estructura anatómica compleja, no hay un único tipo de disfunción. Generalmente, clasificamos estos trastornos en tres grandes grupos:
- Disfunción muscular: Cuando el problema principal está en los músculos que controlan la mandíbula. Suele generar sensación de fatiga, rigidez y dolor generalizado.
- Disfunción articular: Afecta directamente la articulación y sus componentes, como el disco articular. Se presenta con chasquidos, bloqueos o desviación al abrir la boca.
- Disfunción mixta: Es la más común. Involucra tanto estructuras musculares como articulares, haciendo que el tratamiento deba ser integral y altamente personalizado.
Reconocer el tipo de disfunción es esencial para definir el tratamiento más adecuado y evitar recaídas o complicaciones futuras.
¿Por qué afecta cada vez más a los jóvenes? Una epidemia silenciosa
Hace unos años, la mayoría de mis pacientes con disfunción mandibular eran adultos entre los 30 y 60 años. Hoy, cada vez es más común que sean jóvenes de 16, 18 o 22 años los que consultan por dolor en la mandíbula, tensión facial o rechinamiento nocturno. Esta situación no solo llama la atención, sino que nos obliga a repensar el estilo de vida que estamos llevando.
Vivimos en una época marcada por el exceso de estímulos, la hiperconectividad y la constante exigencia. La presión académica, el bombardeo de redes sociales, el temor al fracaso y el ritmo acelerado de la vida moderna están afectando seriamente la salud física y emocional de nuestros jóvenes. Y la mandíbula, aunque muchos no lo saben, es uno de los primeros lugares donde el cuerpo expresa ese desgaste.
Tecnología y postura: enemigos silenciosos de la salud mandibular
Uno de los factores más evidentes que veo en consulta es el uso excesivo de dispositivos móviles. Pasar horas mirando hacia abajo en el celular o frente al computador genera una mala postura constante del cuello y la cabeza, lo que desequilibra la función natural de la articulación temporomandibular.
Esta sobrecarga muscular, sumada a la falta de descanso y a la tensión emocional, crea un terreno perfecto para el desarrollo de trastornos mandibulares incluso en pacientes que nunca habían presentado síntomas antes.
El estrés emocional también se manifiesta en la boca
En la adolescencia y juventud, el cuerpo está en constante cambio. Sumado a eso, el manejo emocional no siempre es el más adecuado. Cuando no sabemos cómo liberar el estrés, el cuerpo busca una vía de escape: apretar los dientes de forma inconsciente, de día o de noche, se vuelve una válvula de escape frecuente. Lo que comienza como una reacción pasajera puede convertirse en bruxismo crónico, afectando la calidad del sueño, el equilibrio muscular y la salud dental en general.
Señales de alerta: ¿cómo saber si sufres disfunción mandibular?
La disfunción mandibular no siempre se presenta con un dolor agudo inmediato. En muchos casos, los síntomas son silenciosos o se confunden con otros problemas, como dolores de cabeza tensionales o incluso migrañas. Por eso es tan importante estar atentos a las señales.
Síntomas comunes que no debes ignorar
Si experimentas alguno de los siguientes síntomas de forma frecuente, es probable que tu articulación temporomandibular esté comprometida:
- Dolor al masticar o al abrir mucho la boca (al bostezar, por ejemplo).
- Chasquidos o ruidos articulares al mover la mandíbula.
- Tensión o rigidez facial, especialmente al despertar.
- Dolores de cabeza recurrentes, sobre todo en la zona de las sienes.
- Desgaste dental sin una causa evidente.
- Zumbido en los oídos o sensación de presión cercana a los oídos.
¿Qué pasa si no lo trato a tiempo?
Ignorar estos síntomas puede llevar a consecuencias que van más allá del dolor:
- Desgaste dental severo, que afecta la mordida y la estética de la sonrisa.
- Limitación funcional para masticar, hablar o incluso dormir bien.
- Dolor crónico que afecta la calidad de vida y el bienestar emocional.
- Desviación mandibular, que puede alterar la simetría facial.
La buena noticia es que, con un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado, es posible revertir estos efectos y recuperar la funcionalidad de la mandíbula sin necesidad de procedimientos invasivos en la mayoría de los casos.
No ignores estos síntomas, podría tratarse de un problema de disfunción mandibular. Contáctame y resolveremos tu caso.
¿Cuál es el tratamiento para la disfunción mandibular? Soluciones modernas y efectivas
Cuando un paciente llega a mi consulta con síntomas de disfunción mandibular, el primer paso es siempre el mismo: escuchar su historia, entender su contexto y realizar una evaluación clínica y radiológica completa. No todos los casos son iguales, por eso un tratamiento eficaz comienza con un diagnóstico preciso y personalizado.
Diagnóstico especializado con tecnología avanzada
En nuestra práctica contamos con herramientas de última generación para evaluar la articulación temporomandibular (ATM), la musculatura facial y la funcionalidad general del sistema masticatorio. Utilizamos estudios como:
- Radiografías panorámicas, que nos permiten ver estructuras óseas y articulares con gran detalle.
- Análisis clínico funcional, donde evaluamos los movimientos mandibulares, presencia de chasquidos, desviaciones y rangos de apertura.
- Valoración muscular, esencial para detectar sobrecargas, contracturas o disfunciones miofaciales.
Toda esta información es clave para establecer el tipo de disfunción mandibular (muscular, articular o mixta) y diseñar un plan de tratamiento completamente adaptado a las necesidades del paciente.
Enfoque integral: cuerpo, mente y hábitos en sintonía
El tratamiento de la disfunción temporomandibular no puede limitarse a una sola intervención. Por eso trabajo con un enfoque integral que combina diferentes estrategias terapéuticas:
- Férulas o placas oclusales personalizadas: Diseñadas a medida para proteger las estructuras dentales, relajar los músculos y mejorar la posición mandibular durante el sueño o el día.
- Terapia física y ejercicios funcionales: En colaboración con fisioterapeutas especializados, realizamos técnicas de liberación muscular, ejercicios mandibulares y terapias con calor o electroestimulación.
- Manejo del estrés y control emocional: En muchos casos, el paciente necesita apoyo psicológico o técnicas de relajación que le permitan reducir el apretamiento inconsciente.
- Recomendaciones posturales y de alimentación: Corregir hábitos como el uso prolongado del celular, evitar alimentos duros y fomentar un descanso reparador también forma parte del tratamiento.
¿Cuándo se considera un enfoque quirúrgico?
Afortunadamente, la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito mediante terapias conservadoras. Sin embargo, en casos severos o avanzados, donde existe daño estructural importante en la articulación o desplazamientos severos del disco articular, puede ser necesario considerar un tratamiento quirúrgico.
Como cirujana oral y maxilofacial, tengo la formación y experiencia necesarias para abordar estos casos. La cirugía puede incluir desde procedimientos mínimamente invasivos, como la artrocentesis, hasta cirugías abiertas más complejas, siempre bajo una planeación detallada y segura.
Acompañamiento cercano y seguimiento personalizado
Uno de los factores más importantes en el éxito del tratamiento es el acompañamiento constante. Cada paciente recibe un seguimiento riguroso, con ajustes progresivos en su tratamiento y control de la evolución de los síntomas. Me aseguro de que nunca se sientan solos en el proceso, porque entiendo que más allá de la técnica, la empatía y la atención personalizada marcan la diferencia.
Recuperar la función… y también la estética facial
Muchos pacientes que padecen disfunción mandibular presentan asimetrías faciales, tensión visible en el rostro o cambios en su expresión natural. Uno de los aspectos que más cuidamos en el tratamiento es justamente restablecer el equilibrio entre la función y la estética.
Cuando los músculos trabajan en armonía y la articulación recupera su estabilidad, no solo mejora la salud interna, sino que el rostro se ve más relajado, simétrico y armónico. Este impacto positivo en la imagen personal también mejora la autoestima y el bienestar emocional del paciente.
¿Por qué elegir a la Dra. Carolina Gil para tratar tu disfunción mandibular?
Elegir al profesional adecuado para tratar una disfunción mandibular marca una diferencia profunda en los resultados. Como odontóloga y cirujana oral y maxilofacial, con una sólida formación académica y más de una década de experiencia clínica, me he especializado en el diagnóstico y tratamiento integral de trastornos de la articulación temporomandibular. Mi enfoque combina precisión médica con una visión estética del rostro, entendiendo que la armonía facial no solo es funcional, sino también emocional.
Trabajo cada caso de forma personalizada desde mi consulta, donde he acompañado con éxito a pacientes muchos de ellos jóvenes que hoy disfrutan de una mandíbula sana y una calidad de vida recuperada. Mi compromiso es brindar un acompañamiento cercano, honesto y orientado a resultados reales y duraderos.
Preguntas frecuentes sobre la disfunción mandibular
1. ¿Qué tan común es la disfunción mandibular en jóvenes y por qué está aumentando?
La disfunción mandibular, que antes era más frecuente en adultos, se está volviendo cada vez más común en adolescentes y adultos jóvenes. En mi práctica, he observado un incremento notable en pacientes entre los 15 y 30 años. Esto se debe a varios factores: el alto nivel de estrés emocional en esta etapa de la vida, el uso excesivo de pantallas (que altera la postura y la función muscular) y el incremento de hábitos como el apretamiento o bruxismo inconsciente, que afectan directamente la articulación temporomandibular (ATM). Es una tendencia silenciosa pero preocupante, que merece ser atendida a tiempo.
2. ¿Cómo sé si lo que tengo es disfunción mandibular y no solo estrés o cansancio?
Es común confundir los síntomas de una disfunción mandibular con signos de fatiga o tensión muscular por estrés. Sin embargo, si presentas molestias frecuentes al masticar, ruidos articulares al abrir o cerrar la boca, dolores de cabeza recurrentes, sensación de presión en los oídos o limitación para abrir completamente la boca, es probable que estés experimentando un trastorno funcional de la ATM. La diferencia clave está en la persistencia e interferencia con tu calidad de vida. Ante cualquier duda, lo ideal es acudir a un especialista para una valoración clínica completa.
3. ¿El bruxismo y el apretamiento dental son lo mismo que la disfunción mandibular?
No son lo mismo, aunque están estrechamente relacionados. El bruxismo se refiere al acto de rechinar los dientes, generalmente durante el sueño, mientras que el apretamiento es una contracción sostenida de los músculos mandibulares, que puede ocurrir de día o de noche. Ambos hábitos pueden ser causas o factores agravantes de una disfunción mandibular, pero la disfunción en sí es el trastorno estructural o funcional que se produce en la articulación o en los músculos que la rodean. Es decir, el bruxismo puede desencadenar una disfunción, pero no la define por sí solo.
4. ¿Cuál es el tratamiento más efectivo para la disfunción mandibular?
El tratamiento depende del tipo de disfunción (muscular, articular o mixta), de su severidad y de los factores que la están causando. En la mayoría de los casos, se puede tratar de forma conservadora con férulas personalizadas, terapias físicas, corrección de hábitos posturales y manejo del estrés. En casos más complejos o avanzados, puede ser necesario un tratamiento quirúrgico. Lo más importante es que el abordaje sea integral y personalizado, porque no existe un tratamiento único para todos.
5. ¿La disfunción mandibular puede afectar la estética del rostro?
Sí. Cuando la articulación no funciona correctamente, puede generar asimetrías faciales, tensión muscular visible y alteraciones en la expresión natural del rostro. Además, los músculos mandibulares sobrecargados pueden modificar sutilmente la forma de la cara. Parte del tratamiento busca restaurar no solo la funcionalidad, sino también la armonía estética del rostro. Muchos de mis pacientes reportan no solo alivio del dolor, sino también una mejora visible en la expresión facial y en su confianza.
6. ¿Qué pasa si no trato la disfunción mandibular a tiempo?
Dejar pasar los síntomas puede empeorar significativamente la situación. Si no se trata a tiempo, la disfunción mandibular puede evolucionar hacia una condición crónica, provocando dolor constante, desgaste severo de los dientes, alteraciones en la mordida, dificultad para masticar, limitación funcional y hasta bloqueos articulares. Además, el impacto emocional del dolor y la tensión constante puede afectar el sueño, el estado de ánimo y la calidad de vida en general.
7. ¿Es posible prevenir la disfunción mandibular?
En muchos casos, sí. La prevención comienza con la identificación temprana de hábitos nocivos como el bruxismo, el apretamiento, las malas posturas o el estrés mal gestionado. También es clave corregir la posición del cuello y la mandíbula durante el uso de dispositivos móviles, reducir el consumo de alimentos duros o muy pegajosos, y buscar ayuda profesional ante los primeros síntomas. La educación y el autocuidado son herramientas poderosas para evitar que el problema se instale.
8. ¿El tratamiento es doloroso o requiere cirugía?
En la mayoría de los casos, el tratamiento es conservador, no invasivo y bien tolerado por los pacientes. Se basa en el uso de férulas, ejercicios específicos y terapias complementarias. Solo en un porcentaje bajo de pacientes —cuando hay daño articular severo— se considera una intervención quirúrgica. Como cirujana oral y maxilofacial, tengo la formación para realizar estos procedimientos con total seguridad, aunque siempre agoto primero las alternativas no quirúrgicas.
9. ¿Cuánto tiempo dura el tratamiento y cuándo se ven resultados?
La duración del tratamiento varía según cada caso. Algunos pacientes experimentan alivio en pocas semanas, mientras que otros requieren varios meses de seguimiento. Lo que sí puedo decir es que, con disciplina, compromiso y un tratamiento bien diseñado, los resultados son notables y sostenibles. En cada etapa vamos ajustando la estrategia según la evolución del paciente. Lo importante es no abandonar el proceso y entender que estamos reentrenando un sistema que llevaba tiempo funcionando de forma incorrecta.
10. ¿Atiendes pacientes que vienen de otras ciudades o países?
Sí. Desde mi consulta en Bogotá, he tenido el privilegio de atender a pacientes de distintas ciudades de Colombia e incluso del exterior, que buscan una solución definitiva y especializada para la disfunción mandibular. Brindamos un acompañamiento cercano desde el primer contacto, con orientación previa al viaje, seguimiento posterior al tratamiento y atención integral para que cada paciente se sienta respaldado durante todo el proceso, sin importar de dónde venga. Nuestro objetivo es ofrecer una experiencia profesional, humana y altamente efectiva para quienes buscan resultados reales.